Música y productividad: ¿amigos o enemigos?

Es raro encontrar napoleones que vayan diciendo que la música es el menos desagradable de los ruidos. A la gran mayoría le gusta, tiene sus estilos y sus grupos predilectos. Y a bastantes nos gusta trabajar escuchando música: nos ayuda a relajarnos, a concentrarnos y a aislarnos de lo que hay alrededor. Pero… ¿es realmente bueno para la productividad de una empresa que nuestros trabajadores escuchen música?

Evidentemente, hay profesiones en las que directamente está estrictamente prohibido. Ni qué decir tiene que las que son de cara al público no lo tienen permitido, al menos no de forma individual. Sí se puede dar el caso de que se disponga de un hilo musical en la oficina para aliviar los momentos de menor afluencia, pero en general son entornos en los que la música no tiene cabida.

Los argumentos a favor y en contra de la música para fomentar la productividad son varios, vamos a ver razones a favor y en contra para tomar esa decisión con conocimiento de causa y no dejándonos llevar por un impulso.

La música mejora la productividad, la creatividad y elimina estrés

Podemos leer en el estudio de Teresa Lesiuk (en inglés), de la Universidad de Windsor, que el que nuestros empleados escuchen a sus grupos predilectos en verdad nos beneficia. Cuando cada uno escucha lo que le gusta genera una sustancia llamada dopamina, que ayuda a eliminar el estrés y a asociar el trabajo con cosas positivas.

Además, permitir que nuestros empleados tengan los cascos puestos mejora nuestra imagen ante ellos. Y como vimos, si el trabajador es feliz sus resultados serán mucho mejores.

Sí que se desprende también del estudio que combinar estas tareas mejora la productividad principalmente en los jóvenes, que son también los que más tiempo pasan escuchando música.

Al estar aislados del ruido exterior, la concentración también aumenta. No hay distracciones, los sonidos externos no alejan la mente del trabajo. Hay quien dice que esta forma de aislarse perjudica la comunicación, pero en verdad si alguien quiere ponerse en contacto con una persona que escucha música mientras trabaja seguramente encuentre otras formas de hacerlo que no sea únicamente la voz.

Como consejo, lo mejor es escuchar temas que no lleven letra. Por supuesto, cada cual se concentra mejor con lo que le gusta. Pero para evitar distracciones es mejor escoger canciones u obras que no lleven voz (música clásica, electrónica, chillout…).

Dispersión mental y bajón de la concentración

Como argumentos en contra tenemos, principalmente, la dispersión que puede causar escuchar música que conozcamos y que podamos seguir. Principalmente si son canciones con letras que sepamos y que, de manera consciente o inconsciente, empecemos a canturrear.

Es cierto que en ambientes de trabajo más monótonos como cadenas de montaje mantener un hilo musical puede beneficiar: ayuda a que el empleado esté más atento y hace que el ambiente sea algo menos aburrido.

Sin embargo, en empleos más creativos es posible que el tener otra distracción reduzca la productividad del empleado por no poder concentrarse en una única tarea. Porque una cosa es escuchar algo de ruido a nuestro alrededor (esto en redacciones por ejemplo es bastante usual) y otra muy distinta tener a alguien cantando en nuestros oídos.

Un estudio recogido por la revista INC (en inglés) explica por qué el silencio es la mejor opción para los trabajadores: la rentabilidad y la productividad, según estas teorías, aumentarían al evitar las distracciones ambientales.

Todos en algún momento queremos alejarnos del mundanal ruido y aislarnos en nuestra pequeña cámara de silencio para no oír ni escuchar más que nuestra respiración. Eso nos ayuda a concentrarnos y a relajarnos. Por supuesto que esto también es útil para nuestro trabajo.

Desde luego, si tenemos que decidir entre música sí o no y esta decisión cae en el empleado, la mejor opción es con la que mejor funcione. Ahora, si es el jefe el que decide esperamos que con estos argumentos sepa decidir si permitirlo o no.

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